CLÁSICA

Sin miedo

6 Consejos para enfrentarte a las partituras

Miércoles 22 de octubre de 2014

Parece que “se comen” a la gente, que sólo están al alcance de cuatro elegidos en esto de tocar, pero no es así. De hecho, pasa como con las personas. Con el tiempo vamos conociendo a las partituras y vemos de qué pie cojean. Las tanteamos y descubrimos sus puntos fuertes, las partes donde somos nosotros quienes tenemos que darles lo que piden, su lado sensiblón o fácil incluso. La partitura, la música en papel, vista como un ente con vida propia, da mucho más juego que tratada como un simple crucigrama donde un músico con vocación de compositor pone a prueba al pertinaz intérprete.



Nunca debes enfrentarte con miedo a una partitura. Lo primero que te aconsejamos es que sobre todo no pierdas la paciencia y sigue estas pautas que te ofrecemos, verás cómo los resultados te anima.

Según nuestra opinión las principales dificultades técnicas que suele plantear una pieza musical y los criterios que debemos seguir para solventarlas. Veréis que aquí el sentido común (ese tan poco usado por las personas) será nuestro gran aliado.

1. Segundas y terceras posiciones
Traduciendo, esto es la posibilidad de tocar en diferentes partes del mástil las mismas notas. Debemos perseguir ser capaces de tocarlas en todas ellas, pero como a veces no puede ser, la facilidad y la musicalidad serán nuestras guías. En caso de duda optar siempre por la posición que mayor fluidez musical y técnica nos dé. Intentando no cortar el fraseo de la música y haciendo que el timbre de todas las notas (los cambios de cuerda repercuten en la tímbrica) sea uniforme.

Hay un lema guitarrístico que es “si sale, vale”. Aquí, el término salir, significa ser preciso y musical.

2. Arpegios
Suelen dar problemas de fluidez porque los dedos se traban. Lo más recomendable es “sacar” el pasaje concreto del contexto general de la pieza. Estudiarlo independientemente e ir insertándolo despacio.

3. Velocidad
Ya lo decíamos antes. La velocidad llega sola. Como os obcequéis en tocar algo a la misma velocidad que vuestros ídolos desde el principio, vais mal, muy mal. Si supierais la de horas que ellos le han echado al asunto estudiando DESPACIO, porque ahí está la clave. CUANTO MÁS DESPACIO ESTUDIÉIS UN PASAJE, MÁS RÁPIDO OS SALDRÁ EL DÍA MENOS PENSADO.

La velocidad es hija de la sincronización, de que cada dedo haga su trabajo cuando le corresponde, pero siempre trabajando en equipo. Nunca fruto de la ansiedad o el atletismo puro y duro.

4. Aberturas
Quizá la cuestión más peliaguda junto con los saltos. Las aberturas complicadas requieren de análisis tranquilo. No penséis que el tamaño de la mano es la madre del cordero. Como en tantas ocasiones, es la “maña” la que salva la situación. En una abertura complicada deberemos estudiar despacio el movimiento de la mano y darle un papel prioritario a la labor del pulgar de la mano izquierda. Él será el pivote del movimiento y el que nunca deberá tensionarse para que exista la fluidez. Aquí además, casi siempre están las cejillas en medio jugándonos una faena, pero también en ellas es el dedo pulgar izquierdo el gran responsable de su resultado, porque suele apretar y colocarse mal en la ejecución.

Para que una abertura acabe funcionando, de nuevo, deberéis estudiarla a cámara lenta.

5. Saltos
Será imprescindible extraer cada salto del contexto de la pieza. Como hacíamos con los arpegios. Afianzar las notas de partida y las notas de llegada. Siempre acompañando la mirada al salto y anticipando el ojo al traste al que queremos llegar. Eso es IMPRESCINDIBLE. Que nadie alardee de tocar al tacto y sin mirar. Eso llegará cuando estemos hartos de tocar ese pasaje que ahora nos saca de quicio. De nuevo estudiarlo despacio nos tiene que servir mucho. Podéis ayudaros de un metrónomo para ir progresivamente acelerando el tempo de la práctica, hasta llegar al nivel de velocidad que os hayáis puesto como meta.

6. Adornos
Es importante señalar que los adornos muchas veces no se indican en la partitura, con lo que tendremos que informarnos sobre cómo ornamentar una pieza sin salirnos de las reglas estilísticas de la época. El Barroco suele ser el período artístico que más dilemas ha planteado en la música al respecto, puesto que la mayoría de las obras compuestas en este período son susceptibles de ser adornadas. Es recomendable acudir a los tratados de Quantz, por ejemplo, si queremos ser coherentes. No obstante, y si lo nuestro es un problema más doméstico, debemos saber como regla general que los adornos tienen que ser problemas menores en nuestra interpretación. Nunca un adorno repercutirá en el tempo global de una pieza. Si es así, lo quitaremos, no pasa nada. Dificultad gratuita y ostentación serán factores opuestos a los objetivos de un adorno. Sólo lograremos nuestros propósitos si trinos, mordentes, grupettos, etc nos salen con naturalidad.