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La sencillez hecha arte

Última actualización 03/04/2012@11:12:20 GMT+1

Serena belleza es lo que nos ofrece esta leyenda viva de las dreadnoght acústicas: porque los clásicos siempre están de moda. Tenemos el honor de presentaros una de las piezas míticas en la historia de las guitarras. Se trata, ni más ni menos, de una de las acústicas con más solera de la prestigiosa firma norteamericana fundada hace más de un siglo por Christian Frederick Martin. La “D” hace referencia al término dreadnought, un particular tipo de guitarra acústica con hombros cuadrados y cintura ancha (y cuyo nombre fue adoptado de un acorazado británico de la época).

La primera dreadnought fue diseñada en 1916 por Frank Henry Martin y Harry Hunt, dueño de Diston, una tienda de música de Nueva York que tenía la exclusiva de venta de este tipo de guitarras. Pero tras el cierre del establecimiento a finales de los años 20, la compañía Martin continuó experimentando a partir del modelo original. La primeras fueron esta legendaria D1 y la D2, a la que seguirían las D18, D28 y D45 durante los años 30.

Materias primas
Si nunca has tenido una Martin entre tus manos puede que te cueste entender cómo una pieza tan austera tiene un precio relativamente elevado (teniendo en cuenta que no tiene previo). Pero es que para comprenderlo hay que tocarla y así poder paliar las dudas que al respecto pudiera haber. Porque una joya no tiene porqué ser sofisticada o ampulosa, todo lo contrario. Es lo que suele suceder con estas guitarras, que tienen una apariencia muy discreta pero que sin embargo lo que esconden tras de sí es muchísimo más de lo que muestran a simple vista. Esta Martin es sencilla, cierto, pero con un acabado y una clase de un nivel como muy pocas exhuberantes lucen tras sus embellecimientos.

Estéticamente habría que destacar las maderas de marcada veta con que cuenta. Especialmente la del abeto sitka de la tapa, que tiene un porte impresionante. El cuerpo dreadnought sin cutaway se compone de madera de sapele macizo en aros y fondo, y de un discreto ribete oscuro perfilando sus aristas. En su frontal tan sólo un golpeador negro de plástico, puente de palisandro con pins blancos, y sencillo rosetón a rayas jalonando su boca. No cuenta con herrajes para la sujección de la bandolera, aunque en su parte baja dispone de un pequeño orificio para poder encajar un apéndice de plástico y poder amarrar así la correa. El mástil es de “rust stratabond”, una madera de aire exótico con una imagen impecable (eso sÍ, es muy diferente a lo que estamos acostumbrados a ver... que puede que no convenza a todos, pero el impacto visual está asegurado). Sobre él un diapasón de palisandro indio con 21 trastes y pequeños puntos circulares como marcadores (con doble punto en los tarstes 7 y 12, algo no muy común). Para acabar una pala también bastante austera, con un clavijero Martin cromado y las clásicas credenciales de la firma en la parte superior de su frontal. Una auténtica maravilla en cuanto a contrucción a pesar de no ser un derroche de ampulosidad.

Tacto y sonido
Tiene un peso intermedio, tirando hacia ligera. Su acabado mate es una delicia, ya que la hace muy suave y manejable ante nuestros dedos. Respecto a su ajuste general está bastante bien, a pesar de que su acción no es demasiado baja. Es una guitarra que se toca muy cómodamente, aunque sus cuerdas son algo rígidas. Todo esto hace que sea una guitarra idónea especialmente para rítmicas, ya que a nivel solista se torna un tanto dura y poco fluida. Resaltar lo bien pulidos que están sus trastes, no podía ser menos en este sentido.

El sonido que destila es de primer nivel, con ese tono cálido y personal tan característico de las guitarras Martin. Escucharla es una verdadera delicia, y es que cada gama sonora está definida y diferenciada. A esto también habría que añadir su riqueza armónica y su eterno sustain. Además es generosa en volumen, con pegada suficiente para hacerse escuchar sin tener que dejarse las manos.

Conclusión

Como has podido apreciar los años no han hecho mella en esta mítica acústica. Y es que sigue atesorando la misma calidad y distinción que cuando la vieron nacer allá por los años 20. En definitiva, una pieza de magistral factura con un sonido caracterizado por su gran pureza tonal de esencia netamente norteamericana.

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