Llevo veinte años impartiendo clases de guitarra flamenca de manera continua, así que he visto de todo. Tendinitis, osteochondritis, desviación de columna, hombros dislocados, distonía focal, hasta en casos extremos, el estado anterior al infarto por culpa de la mala respiración, y la lista de cuadros psiquiátricos sería realmente importante. Sostengo que casi la totalidad de las lesiones provienen de la falta de comprensión del material musical (llámale falsetas si quieres), y que se trata más de un problema musical que técnico.
“Repeticium est mater studiorum” y el homo sapiens aprende a base de repetición, ¿pero cuántas repeticiones son necesarias realmente?
Creo que esta es una buena pregunta. La repetición excesiva de una determinada serie de movimientos puede llegar a ser muy peligrosa, física y mentalmente. Todo el material musical ha de ser estudiado desde diferentes ángulos (ritmo, melodía, armonía y forma) para que se ejecute correctamente. Si el material musical es reducido a puro movimiento físico, éste será como una gota de agua que cae sobre una cabeza; 10.000 gotas y el preso estará muerto. Sí, acabo de describirles un método de tortura muy antiguo.
Hablando de movimiento, considero que existe una gran diferencia entre un movimiento independiente y otro sincronizado, pero hay gente que no se da cuenta de ello. Hoy en día, y con la actual crisis, no hay mucho trabajo de guitarrista, concertista o acompañante de baile y cante, así que muchos guitarristas (algunos de ellos muy buenos y famosos) se dedican a dar clases particulares y cursos tanto en España como en el extranjero. Por mi parte les deseo todos éxitos, gloria, muchas novias y subvenciones, pero por Dios, que dejen de lesionar a los alumnos y que no les cuenten la película que no es. Muchas veces, me han venido y me sigue viniendo gente guitarrísticamente deshauciada por culpa de malas prácticas docentes. La mezcla de un “profe” de esos con un poco de Youtube es un cóctel explosivo. No se puede condenar a un alumno al éxito ni que pique las semicorcheas a 168 bpm. ¿Pero eso qué es, una competición al estilo del Lejano Oeste? Un guitarrista que necesita picar a toda costa a estas velocidades, incluso a costa de su salud física y mental, realmente tiene un problema musical, no técnico.
No todo el mundo puede picar como Paco de Lucía, ni tener el trémolo como Gerardo Núñez o el ataque de Niño Miguel. Si siguiéramos esta lógica, podríamos establecer una medida guitarrística llamada “La Barrosa”. Entonces, un guitarrista normal sería 0,5 “labarrosas”, o uno muy bueno 0,93. ¡Por Dios, el flamenco no se merece esto!
A mí como profesor qué más me da la falseta de este o del otro, si las hay a miles, bonitas, asequibles y técnicamente y musicalmente más interesantes para el alumno. Siempre les digo a mis alumnos: “No me interesa qué guitarrista serás, me interesa el guitarrista que eres”. Esto es una manera de vivir el presente con tu alumno, lo demás son castillos en el aire.
En resumidas cuentas, las malas prácticas docentes (el hecho de que un guitarrista sea famoso o que haya tocado con alguien famoso no significa en absoluto que sea un buen docente), falta de comprensión musical (me he raspado “La tumbona” en una semana), exceso de repetición (de este pie cojeamos todos, algunos incluso con la televisión puesta), falta de cultura de deporte (ver el partido del Real Madrid no vale) consumo de estupefacientes (los flamencos nunca se drogan), ambición desmesurada (para tu información, los tiempos de los ‘guitar heros’ han acabado), exámenes (ésta es nueva, la guitarra flamenca se imparte en los conservatorios), suelen ser algunas de las causas más frecuentes de lesiones en un guitarrista.
Todos estos factores tienen algo en común, y es de índole actitudinal. De hecho hay un tipo de lesión que tal vez contenga todos estos ingredientes, y se llama Distonía Focal.
Para entender la Distonía Focal, primero habría que entender la naturaleza de un movimiento y su relación con el sistema neuronal. Cuando hacemos un movimiento, nuestras neuronas mandan el mensaje a los músculos, y para que se ejecute este movimiento, han de actuar músculos agónicos y antagónicos. Es decir, si quiero levantar una pesa, en lo que se refiere a mi brazo, la conexión neuronal llevaría la orden a mi bíceps, que se contraería (movimiento agónico) a la hora de levantar el peso, mientras que el tríceps se extendería (movimiento antagónico).
A la hora de soltar el peso sucedería todo lo contrario, el tríceps actuaría como músculo agónico y el bíceps como músculo antagónico.
Complicado, ¿no? Pues a la hora de mover los dedos, las cosas se complican muchísimo más. Resulta que nuestros dedos, en cuanto a la libertad de movimiento, no son tan independientes como nosotros pensamos. Los dedos de nuestras manos comparten algunos tendones, extensores y flexores. Es una maquinaria tremendamente compleja. Pero no perfecta. Además nuestros antebrazos tienen otra particularidad: los músculos de agarre (flexores de dedos), o sea, los que ejecutan arpegios, picados y trémolos, tienen mucha más masa muscular que los músculos extensores, que actúan a la hora de rasguear. Y el pulgar es todo esto y mucho más.
Nuestras manos no están diseñadas biológicamente para tocar ningún instrumento. Están diseñadas para agarrar objetos, como comida, palos, armas… Si nuestras manos estuvieran diseñadas para los movimientos milimétricos y rápidos, serían totalmente de otra manera. Es decir, si quieres independizar el dedo anular del dedo medio, cosa que no entiendo, y lo practicas a lo bestia, seguramente como premio obtendrás una distonía focal. La repetición excesiva hará que el cerebro acabe dando una información errónea a los músculos. Dicho de otro modo, el cerebro se lo pensará dos veces. Un delay (el retraso en el movimiento), u otro movimiento parasitario, suelen ser los síntomas clásicos de una distonía.
Lo curioso de la gente con distonía es que en vez de parar y replantearse su manera de estudiar, se empeñan en seguir con su habitual pauta. Hay muchos que incluso desarrollan una cierta relación de amor-odio con la distonía focal. Es decir, la distonía se convierte en su amiga ya que les excusa, les libera de la carga que conlleva la responsabilidad y además les permite regodearse en su mal estado. Desde el punto de vista social, esta es una posición muy ventajosa. Y más aún dentro de nuestra cultura donde ser víctima incluso puede aportar beneficios…
¿Tal vez se podría hablar de un determinado perfil psicológico de distónicos?
Creo que sí. Pido mil perdones a la gente con este terrible cuadro, pero yo les veo muchas cosas en común, psicológicamente hablando. No decirles la verdad sería faltarles el respeto, pero esta es la imagen que proyectan hacia fuera. Desde luego sí tuviese que definir la distonía la definiría como el conflicto entre lo innato y lo aprendido.
¿Cómo se cura, a quién acudir?
Repasemos la lista de posibilidades, aunque me temo que las águilas no vendrán a salvar a Frodo Bolsón…
Fisioterapia, masajes, etc. Un masaje siempre viene bien y algunas técnicas y procedimientos orientales a veces logran unos resultados asombrosos en los casos de las lesiones puramente físicas, pero la distonía es muy transversal y tiene un fuerte componente neuronal. Personalmente dudo en su eficacia en estos casos.
Psiquiatra Esta gente tiene un talento increíble de meter la pata, cobran sus consultas carísimo, mandan sus hijos a practicar la equitación o por el estilo (tú lo costeas), te diagnostican y tratan a base de drogas. Y todo esto sin tener ninguna prueba científica y mensurable. Suelen hacerlo muy, pero que muy a menudo. Qué chollo de trabajo. ¡Ojo con esta gente!
Traumatólogo ¿Qué trauma, hay algo roto? A no ser que te llames Rafa Nadal y que puedas ir a una de estas clínicas privadas y caras…
Neurólogo Tengo mis serias dudas sobre ellos y más desde que me he enterado de que practican un procedimiento a base de bótox para tratar la distonía. El bótox es una toxina que paraliza los músculos, por eso lo utilizan en la cirugía estética. Piel sin arrugas, glamour y esos rollos… Pues a alguien se le ha ocurrido la feliz idea de paralizar el músculo que provoca el movimiento distónico a base de bótox. Matar moscas a cañonazos. Vamos, pura ciencia…
Otro músico Si sabe de su trabajo y si es buen psico-pedagogo puede ayudar a un distónico a que se cure enseñándole el origen de su enfermedad y algunas cosas más, y si no sabe probablemente lo lesionara aún más.
Uno mismo Así que tú te has metido en este callejón y has de salir de él. Puede que la cura de esta enfermedad esté realmente mucho más cerca de lo que parece. Yo la reduciría a un simple pensamiento.
Un distónico dice: “Muevo los dedos, hago música” y uno sin distonía diría: “hago música, muevo los dedos”. Estos dos pensamientos son bien distintos…